Confusión y Venganza Sexual en la Playa

Me he metido en un lío, pero sabrás que no fue a propósito aunque es claramente mi culpa.

La historia es muy sencilla en realidad, nos fuimos de vacaciones mi esposa y yo con un par de amigos, sin olvidar a nuestros hijos.

Armamos algunas carpas para pasar la noche en una playa cercana al hotel donde nos hospedamos. Para hacer acogedor el ambiente se comparten las carpas para mayor comodidad.

Al final del día, entro a la carpa que se supone es de mi esposa y la visualizo inclinada revisando en busca de algo entre mis cosas, la he reconocido por sus shorts rojos cortos.

Confiado por ello, le meto una mano en la culo hasta rozar tres dedos por entre sus labios. Todo normal hasta que al darse la vuelta en realidad se trataba de nuestra amiga Carmelia y al verme quedó anonadada y empezó a sonrojarse

Yo, perplejo por el suceso le pedí disculpas inmediatamente y que estoy seguro hubiese aceptado pero su marido Fernando nos escuchó, recalentándose de la rabia. Sus gritos alertaron a mi esposa Albani y entre los dos me bajaron a insultos acusándome que era mi culpa.

Luego de unos minutos se alejaron y volvieron, recapacitando y diciendo que si nosotros habíamos pecado ellos también podrían hacerlo. Luego se formó un ambiente de gran tensión que se ha ido dispersando al cabo de unos minutos.

Luego de pasar una hora llega mi esposa al departamento y ocurre lo siguiente:

Yo: Hola (le dije)

Albani:– Hola amor (me dijo y noté que ya no estaba enojada)

Yo: – ¿De dónde de vienes?

Albani: Si ya sabes  (me retrucó)

Yo: No, de dónde, estaba preocupado.

Albani: Mira (me dice y me se remite con la siguiente historia)

No voy a mentirte. Yo entiendo que Carmela tenga un buen trasero, pero a decir verdad, tocarle el culo en la playa no me pareció nada bueno, me enfureció mucho que lo hicieras.

Y me pareció que Fernando tenía razón en algo, que teníamos que hacer algo semejante. Así que quedé con él que nos íbamos a su casa y ahí decidíamos.

Llegué con mucha arena en todo mi cuerpo y me ofreció una toalla para poder bañarme.

Y me dijo que siempre había querido ver mis tetas, que como Carmelia las tiene operadas ya le hacía mucho tiempo que no tenía acceso a tetas naturales.

Me pareció bien, le acariciaste el culo a la esposa de tu mejor amigo, sería razonable que él vea las tetas de tu mujer y que cuelgues con eso en tu mente para siempre.

Ya en gomas, a Fernando se le levantó la polla y, apaciblemente, me empujó hacia el asiento, me corrió la falda y me empezó a mamar la concha. Me la chupó tanto y tan bien que acabé rápido.

Ya estaba lista y satisfecha por haberme vengado, y Fernando me dice “no me dejes así ahora“.

Yo tenía mucha arena todavía, así que no acepté que me penetrara, pero me arrodillé en el piso frente a su polla y lo empecé a pajear.

Con una mano, con la otra, con las dos. Le escupía la pija y lo pajee fuertemente hasta que vi que se venía.

Le ofrecí mis tetas, era obvio, si tanto le gustaban, me parecía buena idea que se diera el gusto, y además no quería manchar el sillón negro del departamento.

Ahora, por favor, déjame que quiero bañarme porque estoy toda sucia aún.

Y, para la próxima, no te hagas el galán con las esposas de tus amigos.

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